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Comunicado No. 2071/2009
08 de diciembre de 2009
*** El Museo de Arte Moderno presenta la exposición Fernando Gamboa: la utopía moderna

*** Como parte del homenaje por el centenario de su nacimiento, el MAM revisa las contribuciones museográficas de quien fuera también su director entre 1972–1981

Desde el héroe nacional que arriesga su vida para rescatar el patrimonio nacional, a la figura de un dictador artístico que determinó el rumbo de la política cultural en México. Así discurre la exposición Fernando Gamboa: la utopía moderna, con la que el Museo de Arte Moderno (MAM) hace una revisión crítica sobre la función del museógrafo en México.

         Fernando Gamboa fue una figura clave en el contexto artístico y cultural mexicano de la segunda mitad del siglo XX.  Desde su participación en las Misiones Culturales de la SEP en los años treinta, había entendido que la cultura podía ser simultáneamente un medio para la educación, la cohesión social y la propaganda política.

         Por ello, esta muestra profundiza en la labor de Gamboa como promotor cultural, encargado de concebir y difundir una imagen de México en el extranjero. A su vez,  detalla su impronta dentro del lenguaje museográfico del siglo XX mexicano, explicó la curadora independiente Ana Elena Mallet.

         “La exposición busca un acercamiento crítico a la labor de Gamboa como museógrafo y prolífico gestor cultural, mediante la revisión de algunas de sus exposiciones más importantes, los discursos museológicos que estableció y su contribución a la definición de un modelo expositivo para el arte mexicano sobre la base de una identidad nacional moderna, entendida como el diálogo entre pasado y presente.

         “Tratamos de hacer una revisión más que histórica crítica sobre la profesión del museógrafo, los recursos con los que se trabajaban, con los que se trabajan hoy; los discursos que se plantearon y los discursos que se siguen planteando hoy”, señaló la curadora.

         La exposición Fernando Gamboa: la utopía moderna se realiza como parte del homenaje por el centenario de su nacimiento, que llevan a cabo el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes. En esta ocasión, el MAM revisa las contribuciones museográficas de quien fuera también su director entre 1972–1981.

         “Gamboa no solamente representa la época dorada del MAM, sino también el momento más intenso y de mayor dimensión pública y nacional en la gestión del papel de la museología en la construcción de un discurso visual desde la labor del museo.

         “A nosotros nos interesaba hacer un homenaje que no fuera uno más, sino uno que nos invitara a nosotros mismos a pensar cuál es la función del museo, la función de promoción. Revisitar a Gamboa para nosotros era hacer una especie de inspección crítica de nuestra labor al ser un museo y también cuestionar ciertas inercias institucionales que a veces implican al museo y crean situaciones de discusión profesional entre lo que debe ser la gestión del museo y lo que la institución requiere, que no siempre es lo mismo”, señaló el actual director del MAM, Osvaldo Sánchez.

         El director precisó que no se trata de una exposición de piezas sino de los recursos museológicos que utilizó Gamboa. “Yo diría que la gran pregunta de la exposición es: ¿cómo se debate el museo entre crear un discursos dirigido a la función educativa del gran público y dónde la programación del museo y sus exposiciones están dirigidas a satisfacer una representación oficial de país. Ahí hay una pregunta viva para los museos de hoy: la función educativa del museo versus la función de construir un discurso oficial, en ese cuestionamiento está armada la muestra”.

         El acercamiento de Ana Elena Mallet al archivo de la familia Gamboa, cuenta la curadora, fue provocado por la curiosidad de saber cómo esa gran figura influenciaba a su generación de museógrafos y curadores. “Al darme cuenta quién había sido la figura polémica, el héroe nacional que rescataba obras artísticas en Bogotá o que se enfrentaba al golpe de estado en Chile, rescataba obras y anteponía su vida antes que perder el patrimonio nacional; pero también estaba la figura del dictador artístico que de alguna manera determinó el rumbo de la política cultural que seguimos sufriendo o manteniendo hasta nuestros días”.

         Los núcleos de la muestra cubren el análisis de aspectos fundamentales en la concepción historiográfica, artística e ideológica desarrollada por Gamboa en su labor museográfica: la herencia prehispánica y virreinal, la vigencia de la Escuela Mexicana de Pintura, el papel de la llamada Ruptura y, particularmente, el de los lenguajes abstractos, la presencia del arte popular y la utopía del progreso proyectada en el auge arquitectónico y urbano de la ciudad de México.

         Gamboa, dijo Mallet, era un gran estratega que cuidaba todos los detalles de sus grandes proyectos, por ello la primera parte habla de la exposición como un diseño integral; la segunda parte revisa los recursos museográficos que utilizó a lo largo de su carrera: la iluminación, el tipo de construcciones, el diálogo de piezas, lo prehispánico, lo virreinal, ese discurso que buscó generar como parte del gran proyecto nacional del siglo XX, que fue decirnos que la producción artística mexicana es milenaria y a la vez moderna.

         La tercera parte recrea una pequeña parte del Pabellón mexicano que se hizo para la Exposición Universal e Internacional de Bruselas 1958, en la que se seguía promoviendo el proyecto alemanista de que México era un país que miraba hacía el progreso, un país moderno que promovía su industria, el turismo y una sociedad cohesionada y en paz.

         Esta feria era particularmente especial ya que buscaba enviar un mensaje de paz al tiempo que comunicar el progreso. Europa estaba en plena reconstrucción y el mundo pugnaba por la paz y la estabilidad, el lema de la muestra era: “Balance del mundo. Por un mundo más humano” y el ícono del evento fue el mítico Atomium, una estructura monumental de 110 metros revestida de brillante aluminio que recibía a los visitantes a la feria.  

         Dentro de la estructura, el público podía pasear e ilustrarse sobre una segunda revolución industrial venidera y los grandes beneficios de la energía nuclear. Durante seis meses, cincuenta millones de personas visitaron el área de dos kilómetros cuadrados destinada a la feria y observaron más de cien millones de objetos en ella.

         Los 51 pabellones participantes invirtieron fortunas en su participación y se abocaron a presentar sus más recientes avances tecnológicos. Para Gamboa la historia fue diferente ya que su presupuesto era limitado comparado con los de las grandes potencias. Sin embargo, sus recursos, y su ya probada retórica nacionalista, causaron  sensación ante los asistentes, logrando una presencia de México pocas veces igualada.

         Las autoridades del evento le concedieron dieciséis premios por su participación; y el más importante: la Estrella de Oro, otorgado por unanimidad al conjunto total del pabellón. El edificio de 800 metros cuadrados había estado a cargo de Pedro Ramírez Vázquez y de Rafael Mijares, siguiendo el estilo internacional y utilizando materiales autóctonos como maderas, mármoles y tezontle.

         La exposición Fernando Gamboa: la utopía moderna será inaugurada este martes 8 de diciembre a las 20:00 horas, en el Museo de Arte Moderno. Estará abierta a todo el público a partir del 9 de diciembre.
MAC
México / Distrito Federal

Última actualización: 08 de diciembre de 2009 - 11:04

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