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“La obra de Gilberto Owen se revalora como una de las más vigorosas de la primera mitad del siglo XX”

Comunicado No. 701/2010
12 de mayo de 2010

***Al cumplirse 106 años de su nacimiento, el Conaculta rinde homenaje al miembro de  los Contemporáneos

***Octavio Paz escribió sobre él: “Owen es uno de los espíritus más serios de nuestra actual literatura”; y elogió sus hallazgos en el poema en prosa, género que como pocos “expresa la poesía de la vida moderna”

 

La vida y la obra de Gilberto Owen (1904-1952) comienzan a surgir de la oscuridad en la que se encontraban. Nuevas investigaciones arrojan datos sobre la vida de quien fue el “más enigmático” autor del grupo sin grupo —aquel llamado “archipiélago de soledades” que fue los Contemporáneos— y sobre un poema que se creía perdido. Los jóvenes lectores “lo descubren por sí mismos, lo disfrutan y admiran”.

A 106 años de su nacimiento, que se celebra este 13 de mayo, Conaculta rinde homenaje al escritor originario de El Rosario, Sinaloa. Gilberto Owen formó parte de la generación de autores que renovó la tradición literaria mexicana. Participó en las revistas Ulises y Contemporáneos, además de ocupar diversos cargos diplomáticos. Fue autor de Desvelo (1923, editado de manera póstuma), La llama fría (1925), Novela como nube (1928), Línea (1930) y Perseo vencido (1948).

     Si Owen buscó en su lírica “reprimir la emoción… hasta el grado en que parezca haber sido suprimida” (en Encuentros con Jorge Cuesta), esto no escapó al fino olfato de Octavio Paz, quien en Las peras del olmo (1957) aseguró que Owen es “uno de los espíritus más serios de nuestra actual literatura” por la originalidad de su obra y elogió sus hallazgos en “el poema en prosa, género que como pocos expresa la poesía de la vida moderna”.

     A más de un siglo de su nacimiento, “la obra de Owen ha venido revalorándose y reconociéndose como una de las escrituras más vigorosas de la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, entre los Contemporáneos, Owen es probablemente el menos leído y el menos apreciado; en buena parte por los años que estuvo fuera de México —en los que escribió lo más importante de su obra—, dividiendo su vida entre el periodismo y la diplomacia”, afirman en entrevista con Conaculta Francisco Javier Beltrán y Cynthia Ramírez, investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México.

     Otro aspecto que atrasó la valoración de este autor fue la dificultad de acceder a su obra: “Owen dejó nuestro país en 1928, a los 24  años de edad y vagó por Norte y Sudamérica. Su obra madura fue concebida y conocida en los países que habitó, publicada de manera muy azarosa y dispersa. El resto de los Contemporáneos no siguieron esta ruta; escribieron y publicaron en México”, agregan en entrevista los académicos.

     Explican que la poesía de Owen se conoció en nuestro país con la publicación Poesía y prosa (Imprenta Universitaria de la UNAM, 1953), edición preparada por Josefina Procopio y revisada por el propio Owen, la cual reunió gran parte de su producción, antes inaccesible.

     Posteriormente, el Fondo de Cultura Económica (México) publicó Obras de Gilberto Owen en 1979, con una reimpresión en 1996. Esta edición estuvo a cargo de Josefina Procopio, Miguel Capistrán, Luis Mario Schneider, Inés Arredondo y Alí Chumacero, quienes incluyeron cartas, ensayos y poemas que no se habían obtenido para la edición de 1953.

     El interés en Owen —abundan Francisco Javier Beltrán y Cynthia Ramírez— “nace del olvido en que se le tiene y de la escasa difusión de su obra, la cual permite adivinar que en la poesía se encuentra un camino para expresar los misterios y contradicciones de la vida. Otro elemento de peso es que actualmente los jóvenes están descubriendo, por sí mismos, a Owen. Y lo disfrutan, lo admiran. La atención de los especialistas es creciente y, sin embargo, insuficiente”.

     En 2004, estos investigadores organizaron en la Facultad de Humanidades de la UAEM un coloquio con motivo del primer centenario del poeta rosarino, cuyos trabajos se publicaron bajo el título Gilberto Owen Estrada: un siglo de poesía (UAEM, 2005).


     Indagación detectivesca

     La búsqueda y recuperación de la obra dispersa de Gilberto Owen ha sido una aventura propia de detectives que podría inspirar una película, pues es sabido que el propio Owen “perdía” cíclicamente sus manuscritos, en parte, por las muchas mudanzas que el trabajo diplomático le imponía, y también por su natural inclinación a borrar sus huellas.

     “Puede resultar inútil buscarle anclaje biográfico a Owen, pues siempre va a huir, vive huyendo, él mismo es huida”, describe Guillermo Sheridan en Tres ensayos sobre Gilberto Owen (UNAM, 2008).

     El poeta “se divertía expresando el mundo en clave, jugando con aspectos reales que expone como enigmas… Su nombre de pila fue Gilberto, santo que se celebra el 4 de febrero, en consecuencia dijo haber nacido ese día; todos lo creímos porque su acta de nacimiento no aparecía para revelarnos que nació el 13 de mayo de 1904; por otro lado, sus hijos también nacieron en sendos días 4. Esto se convirtió en los versos: ‘Todos los días cuatro son domingos/ porque los Owen nacen ese día’. Lo divertido es que Owen nos convenció a todos”, comentan Beltrán y Ramírez.

     Muchos han sido los lectores, investigadores, poetas y narradores, que han caído bajo el influjo de Owen, como los ya mencionados Luis Mario Schneider y Alí Chumacero; también Inés Arredondo, quien hizo un “apunte biográfico de Owen”, así como Tomás Segovia, Vicente Quirarte, Evodio Escalante, Carlos Montemayor, Daniel Sada y Guillermo Sheridan, entre otros.

     En los años setenta, se ocuparon de su obra Effie Boldridge (The poetry of Gilberto Owen, 1970), de la Universidad de Missouri y José Sergio Cuervo (El mundo poético de Gilberto Owen, 1974), de la Universidad de Nueva York en Buffalo.

     Nuevos datos se revelaron durante el Homenaje Nacional a los Contemporáneos, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1982. En esa ocasión se publicaron dos antologías: Monólogos en espiral (narrativa), a cargo de Sheridan, y Antología poética, con selección de Schneider. En las dos aparecen las obras clave de Owen: La llama fría y Novela como nube en la primera, Perseo vencido en la segunda.

     Algo de su vida

     Nacido sinaloense, Owen se trasladó con su madre a Toluca, en el Estado de México. Allí hizo sus primeros estudios en el Instituto Científico y Literario. Cuenta la leyenda que en ese lugar el joven Owen pronunció un discurso frente al presidente Álvaro Obregón, quien impresionado por su elocuencia lo invitó a trabajar en la oficina de la Presidencia como lector de prensa. Así, partió a la Ciudad de México y continuó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria, donde conoció a Jorge Cuesta.

     Junto al autor de Canto a un dios mineral, Owen frecuentó los círculos literarios de los años viente y entró en contacto con Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Jaime Torres Bodet. Influido por la poesía simbolista de Enrique González Martínez y Juan Ramón Jiménez, Owen escribió los versos que conformarían Desvelo y comenzó a colaborar con la revista La Falange que dirigía Torres Bodet. Posteriormente, junto a Cuesta, Novo y Villaurrutia fundó la revista Ulises (bajo el patrocinio de Antonieta Rivas Mercado). En 1928, Owen partió para Estados Unidos para trabajar en la legación mexicana en Nueva York, pero se mantuvo cerca de Contemporáneos (1928-1931), dirigida por Torres Bodet y Bernardo Ortiz de Montellano.

     Escritor trashumante

     Por su vasta formación cultural (hablaba inglés, francés, sabía taquigrafía y era un lector compulsivo) Owen se pudo colocar en el Servicio Exterior sin mayor trámite. Allí comenzó un largo exilio que lo llevaría a distintas ciudades de EU (Nueva York, Detroit, Filadelfia), pero también a Canadá, Perú, Ecuador y Colombia.     

     Después de publicar en México La llama fría y Novela como nube, Owen escribió en Nueva York con su amigo el pintor Emilio Amero el guión para una película en el estilo vanguardista de Un perro andaluz (1929), de los españoles Dalí y Buñuel; texto que, desafortunadamente, se perdió.

     Por esa época comenzaron los poemas cubistas de Línea (otro poemario perdido y recuperado en parte gracias a sus “compañeros de viaje” Torres Bodet y Villaurrutia) que Alfonso Reyes publicó en Buenos Aires (Cuadernos del Mar del Plata, 1930) al lado de obras de Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges.

     A principios de los treinta, ya en Lima, tuvo un episodio marxista y se vio involucrado en movimientos de corte socialista. Pasó por Ecuador donde lo expulsaron del Servicio Exterior. Finalmente, se refugió en Colombia y sobrevivió dando clases y colaborando en El Tiempo, el principal diario del país. Se casó con Cecilia Salazar Roldán, hija del general conservador Víctor Manuel Salazar, y tuvo hijos. Regresó a México en 1942 (año del suicidio de su amigo Jorge Cuesta), donde como autor era prácticamente un “fantasma”. Reintegrado a la diplomacia, fue cónsul en Filadelfia, lugar donde falleció en 1952. Tenía 48 años y había perdido la vista a consecuencia de su adicción al alcohol.

     Su curiosidad intelectual —aseguran los especialistas Beltrán y Ramírez— le permitió “mirar” o “ver”. Su poesía nos hace partícipes de aquello que Owen “vio” pues lo encontramos expuesto en imágenes: “Montaña tutelar”, “Amarillo amargo mar de Mazatlán”, “Calles ebrias de Taxco”, etcétera.

     Sindbad en Tenochtitlan

     Escrito durante muchos años, Perseo vencido es el libro de poemas en que descansa el gran prestigio de Owen. Comenzó a escribirlo en 1930 o 1931, apareció fechado en Bogotá en 1942, y publicado definitivamente en Lima, Perú, en 1948. Dividido en tres partes, en su centro se halla el famoso poema “Sindbad el varado, bitácora de febrero” que, siguiendo el calendario, está dividido en 28 días más “Tres versiones superfluas (para el día 29 de los años bisiestos”. Influido por Rimbaud y T.S. Eliot pero también por Nerval, Perseo… narra poéticamente la aventura espiritual de un enamorado, su intento de purificación y el fracaso del amor y de la poesía.

     “Sindbad es Gilberto Owen”, asegura Tomás Segovia (Cuatro ensayos sobre Gilberto Owen, FCE, 2001); “de este modo el sentido de la leyenda debe leerse en la vida de Gilberto Owen y el sentido de la vida de éste debe leerse en la leyenda”. Segovia afirma que “Owen nos da ciertos acontecimientos y ciertas obsesiones de su vida personal aureolados de un prestigio casi mágico, de una especie de misteriosa significación cifrada”. La operación de Owen es que no poetiza, sino que mitifica las circunstancias particulares de su biografía.

     La también poeta Roxana Elvridge-Thomas, al analizar Sindbad el varado, asegura que “dos posturas caracterizan a Gilberto Owen ante la poesía: curiosidad y agudeza…” Reelabora y asimila tanto la tradición, como el mito de Perseo y Medusa y la leyenda de Simbad el marino, como la vanguardia para crear una nueva propuesta renovada.

     Añade que “también dialoga entre líneas con otros escritores, algunas veces en tono de parodia, otras contradiciéndolos y una más rindiéndoles un íntimo homenaje al parafrasearlos… Combina estos elementos con otros tomados de las vanguardias para crear su poesía”.

     Vicente Quirarte destaca en “Perderse para encontrarse: itinerario de Gilberto Owen” que el poeta estaba al tanto de la yuxtaposición de tiempos, espacios y voces del T.S. Eliot, el simultaneísmo de Apollinaire, el poema en prosa de Max Jacob, las audacias ultraístas y creacionistas, la greguería de Gómez de la Serna, la palabra hablada de Juan Ramón Jiménez, el monólogo de Proust y el récit de Gide, entre otros aportes literarios.

     El novelista Daniel Sada señala que, además de la dimensión teológica de la obra oweniana, se advierte en ella la “estética de lo imprevisto”, entendida como “una larga metáfora sobre el desplazamiento y la sensación del viaje sin retorno; ese trayecto ofrece hallazgos que chispean y que dan pie a una lluvia de imágenes activas que en su desborde acaban por diluirse”.

     “El asombro ante lo imprevisto y las frases siempre al borde de la destrucción son los rasgos secretos que esconde la intimidad lírica de Gilberto Owen” —sostiene Sada en el ensayo Gilberto Owen: la estética de lo imprevisto.

JLB
México / Distrito Federal