En la piel de vagones detenidos
leemos poemas viajeros.
La estación envuelve música
que los trenes traían.
Con listones de madera colorida,
se marcan trayectos, pausas o esperas.
Hay pocos objetos, intervenciones discretas,
mucho vacío.

 

¿Dónde está la obra de arte,
si todo parece apenas un murmullo?
Quizá en la complicidad de cada uno
con la intensa emoción del artista
eligiendo versos, música
y ritmos en el espacio;
o con la de sus recuerdos de tantos viajes
con seres amados.


Tal vez la obra se complete
en el tiempo en que nos detenemos
a evocar e inventar nuestros viajes,
a mirar, leer, escuchar y pensar
esas vías hacia nuestra propia sensibilidad
que la exposición ofrece.