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Un encuentro del mundo antiguo con el actual es lo que significa María Sabina, mujer diminuta y de rostro agrietado originaria de Huautla de Jiménez (sierra mazateca del estado de Oaxaca), quien dio a conocer los misterios del culto al hongo sagrado. Su alto grado de conocimiento le otorgó facultades extraordinarias, entre ellas la sanación de sus pacientes, energía psíquica, clarividencia, premoniciones, telepatía, entre tantos otros atributos que le permitieron obtener, durante sus ritos místico-religiosos al lado del llamado hongo maestro, resultados terapéuticos incomprensibles para la ciencia contemporánea.

Una generación de etnomicólogos entre los que destacan Jonathan Ott, Jeremy Bigwood, Terence McKenna, Andrew Weill, Jochen Gartz, Giorgio Samorini y Paul Stamets continúan el proceso de investigación del misterio que aún rodea a los hongos, siguiendo las bases de una ardua investigación realizada por los pioneros Wasson, Carl Ruck, Robert Weitlaner, Blas Pablo Reko, Evans Schultes, Heim, Pavlona, quienes desentrañaron el antiquísimo culto, recogiendo testimonios directos de los nativos y constatando la presencia de hongos en prácticamente todas las regiones del mundo.

El personaje de María Sabina aún dista mucho de lo que realmente se habla, ella perteneció a los códices vivientes, un libro, una poeta extraordinaria cuyos cantos y oraciones poéticas surgen como salmos maravillosos desde el fondo de su ser. La expresión poética que en vida manifestó salió de su entorno, atravesando fronteras y corazones hasta llegar a tierras lejanas llenando de susurro e inspiración a especializados  y no especializados en el estudio de los mensajes secretos de la vida y de la naturaleza.

En los trabajos psicoterapéuticos los niños-viejos sabios (hongos) eran traducidos por María Sabina, quien afirmaba: “Soy traductora del libro sagrado, el lenguaje pertenece a ellos, ellos hablan, yo tengo que traducir; si digo que soy la mujercita de libro, eso quiere decir que un pequeño que brota es mujer y que ella es la mujercita de libro, así me convierto durante la velada en hongo-mujercita de libro. Los niños me llevan, aunque para llegar a donde debo, paso por los dominios de la muerte, me sumerjo y camino por debajo. Puedo buscar en las sombras y en el silencio. Así llego donde las enfermedades están agazapadas...”

Alejandrina Pedro Castañeda