En el 2007 se conmemoraron setenta años de uno de los acontecimientos más crueles de la Guerra Civil española: la salida para el exilio de 454 niños que se dirigieron a Morelia, México.
El general Lázaro Cárdenas, presidente mexicano, no solo dio su conformidad para que estos niños se refugiaran en su país del terror de las bombas que caían sin cesar sobre sus ciudades de origen, sino que además los apadrinó, consciente de la orfandad en la que a partir de ese momento viviría este grupo de infantes.
La última imagen que tendrían de su patria y de sus padres sería al pie de un tren, en los andenes de la estación Francia, en Barcelona.
Partieron a México con la idea de que sería por un tiempo, y sólo hasta que terminara la guerra, pero ésta terminó y muy a su pesar los vencedores no fueron los que defendían las ideas de la República, y por lo tanto quedaron varados por siempre en un país que no era el suyo, y en muchos casos condenados a una orfandad sin salida.
Aunque México los acogió, desde muy pequeños tuvieron que aprender a forjarse un porvenir y a hacerse hombres y mujeres de provecho. No tenían identidad, al no ser ni españoles ni mexicanos. Eran ciudadanos de ningún sitio.
Tuvieron que pasar más de treinta años para ser reconocidos como españoles; hubo de morir el dictador para que esto pudiera darse, con la llegada de la democracia y la ascensión del nuevo gobierno. México antes ya les había otorgado la nacionalidad.
Después de treinta años pudieron, por fin, regresar a su país, pero tristemente ya no lo reconocieron. No quedaba nadie a quién recordar. Los paisajes se habían difuminado en las cimas profundas de su memoria, y de su familia no quedaba nadie.
Desde ese momento supieron que la única forma de sobrevivir, de ser alguien, era mantenerse unidos, como el grupo que fueron al llegar a México. En definitiva eran y serían por siempre “Niños de Morelia”.
Desde entonces, cada 7 de junio, fecha en que se cumple el aniversario de su arribo a México, se juntan los que aún quedan y recuerdan a los que ya no están. También nos recuerdan a todos que siguen vivos, y que no debemos olvidarlos.
Con esta exposición el Museo del Ferrocarril de España/ Fundación de los Ferrocarriles Españoles y el Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero/ Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos rendimos un homenaje a los Niños de Morelia. Recrearemos su viaje en tren por España, Francia y México, y recordaremos la presencia en nuestra historia de este medio de transporte.