Desde las primeras frases de su primer diálogo,
Afectuosamente, su comadre, de José Dimayuga,
crea la situación dramática, como un nudo
de corbata logrado al primer tirón. El azar de
un accidente pone en íntimo contacto a dos personajes
que de otro modo jamás se habrían tratado,
ni mucho menos entreverado: el joven travesti y la añosa
maestra de escuela. Esta estupenda comedia —brillante
en el lenguaje, en el humor, en el contrapunto sentimental,
en la creación de personajes— es al mismo
tiempo un canto, no por regocijante menos sentido, a la
amistad imprevista y perdurable con que las misteriosas
calles de la noche (ora risa, ora drama) anudan en ocasiones
—y de un solo tirón— a las personas
más ajenas y remotas.
José Joaquín Blanco.
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