Existen instantes en que uno se pregunta bajo "la
inmortal ceiba de la noche inmensamente alta": ¿En
qué sitios florece la vigilia? Y la noche (esa
otra noche más densa y más profunda) que
como "blanda mortaja para los cuerpos serenos que
transitan entre gigantescos laberintos" que se tiende
así como un enorme manto denso sobre los Artificios
de la memoria. Y es que en la poesía de Níger
Madrigal, poeta de Tabasco, la noche toma otros senderos,
más profundos quizá que la escritura prolongada
del tiempo. Es, me digo, como estar y no estar. Bajo el
peso de una sombra gemela que va quedando arrinconada
en la inercia de su propia existencia, cae ya sin fuerza
en el filo de una línea ante la "voracidad
purificadora de la palabra".
Ramón Bolívar.
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